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lunes, 3 de diciembre de 2012

DIOS ES GARDEL !!






En Buenos Aires suele caminar los barrios. El hallazgo de su presencia es invisible a los ojos humanos, pero Él anda entre nosotros. Habita la ciudad entera. Conoce cada baldosa, cada esquina. Se entrevera en las callejas sureras. Es de mezclarse con los pibes volanteando el destino de una pelota de gol. Sabe de los domingos en la costanera como cualquiera de nosotros. De las corridas después de un clásico y los poemas susurrados en madrugadas encendidas de jazmines. Puede contar como nacido en San Telmo un atardecer de otoño a través de las ventanas de El Británico. Conoce a la perfección el apuro de la corrida en un andén de Constitución y el desembarco mecanizado de cada mañana en el subte. Muchísimas veces, ignorando su identidad, han intentado hacerle el cuento del tío. En especial algunos que lucen crucifijos y jinetas. Conoce al hombre de San Juan y Boedo desplumado en la timba de la vida. Nos tiene manyados. Sonríe y se toma la cabeza. Aprende todos y cada uno de los dialectos de la porteñidad y eso le divierte. Sabe de corridas escapando de gases lacrimógenos y de noches enteras en calabozos pintados de humedad. En invierno se ha descalzado junto a los chicos de la Villa 31 y en los veranos más tremendos regó su cuerpo de sudor propio y ajeno. A veces ríe pícaramente cuando hablamos del infierno. Juntó figuritas y jugó al yo–yo cómo los Dioses… ¿dije algo malo? Viaja parado en el 53 y hasta en el confortable asiento de una limusina. Dice que si un escolar le ofrece un dulce lo acepta gustoso. Escucha los secretos de los enamorados y de tener ganas escribiría libros y libros de historias. Relatos de encuentros y desencuentros.
Conversa con médicos en la oscuridad de una guardia y con los cartoneros de la estación de Flores. Habla en el asiento de atrás de la misa y no pocas veces le han chistado o llamado la atención.
En esta ciudad Dios piensa el nuevo milenio en ritmo de tango y poesía alquitranada. Sueña y canturrea a la vez delante de la multitud en el corazón de Florida.
No tengo dudas, se ha ganado nuestro más hermoso título de nobleza porteña. Si señor, Dios es Gardel !!

domingo, 21 de octubre de 2012

“EL PICHI”


Ahí viene…
con sus diez años pesándole como un siglo,
cuando debieran
levitar sobre sus hombros
como globos de colores.
Llega de la sudestada
que le arranca
la tibieza de un tirón.
Del temporal que lo dejó
sin techo,
sin fosforescencia en la mirada,
sin una mísera sonrisa
en los bolsillos descocidos.
Cabalga desde una tierra a la que le dicen “Tranquila”,
que sufre la quemazón en un pecho
cansado de gritar…
Viaja en el viento desde un laterío
de atardeceres,
huérfanos de leche y galletitas.
Cruza el puente
demorando una eternidad,
con la parsimonia de quien acarrea
cientos de noches mal dormidas.
Lo espera un día (otro…y van)
de sueños inalcanzables,
y dar la vida por
alguna pinturita choreada
para colorear, apenas,
un garabato parecido a la alegría.
Ocho horas de escuela
para calmar la congoja…ese dolor
que aparenta ser más viejo
que los abuelos jamás conocidos.
Después lo de siempre:
cirujear la tarde,
entre Barracas y La Boca.
Buscar en el basurero del crepúsculo
aquella caricia, que se le adhiera a la mejilla
aunque sea por un rato.
Hasta emprender la vuelta
a  la desidia…al olvido…
porque en la urbe se pronostican
cacerolazos de odio…
Y es mejor, estar a salvo.
Al fin y al cabo en “La Tranquila”, en la villa, ellos no entran.

sábado, 4 de febrero de 2012

DON ALBERTO



La publicidad arengaba desde los afiches: ocho grandes bailes ocho. Como no iban a ser grandes, en una Argentina con sueños de futuro. En una ciudad poblada de almas entregadas al enamoramiento de su arte, de su música.
Cuenta Arturo Jauretche en El Medio Pelo…: “Era una multitud alegre y esperanzada…”
Entonces la fiesta era completa. Cuando en esas calurosas noches de inolvidables carnavales su figura carismática pisaba el escenario la magia, la alegría, el desenfado explotaban en las almas.
Así lo evoca Horacio Salas en las páginas de “El Tango”:
“Alberto Castillo asumió un rol paradigmático. En lugar de reflejar la realidad, mostrarse como un universitario que cantaba, y consecuentemente en el mejor de los casos, atildar su vestuario de acuerdo con los cánones burgueses, eligió el camino del desclazamiento. Se disfrazó, vistió trajes azules de sedas brillantes, con anchísimas solapas cruzadas que llegaban hasta los hombros, el nudo de la corbata cuadrado y ancho, en contraposición a las pautas de la clase media que lo aconsejaban ajustado y angosto.
El saco desbocado hacia atrás, y un pañuelo sobresaliendo exageradamente del bolsillo. El pantalón de cintura alta y anchas botamangas completaba el atuendo, que era más desafío que vestimenta“
La seducción se empilchaba con los colores del júbilo; y la sonrisa fresca de una muchachita de barrio significaba alcanzar el cielo con las manos. “La Pulpera de Santa Lucía”, “Vestido punzó”; y la fantasía los abrazaba a todos. Como Don Alberto también lo hacía. Con los gestos que les eran comunes, con su estilo inigualable, con su corazón abierto a los de abajo. Porque eso eligió: ser el cantor de los barrios, de los cien barrios porteños. Renunciando a los privilegios que en esos tiempos su profesión de médico le abría en los ambientes más elitistas.
“¡Siga el baile , siga el baile..! Y el artista de un tamaño gigantesco se confundía en la algarabía de su pueblo, porque de eso se trataba. Ser parte de esa multitud jauretchiana porque para ella Don Alberto era parte amada, indiscutida.
Ellos…héroes anónimos de la joven Argentina vivían en su artista…El artista vivía por ellos…para ellos…
“El baile de los morenos”. La mirada jugaba con la sorpresa de un lado al otro de una pista inmensa.
Seguramente hoy seguirá jugando en los tablados de la eternidad su porte y su elegancia. Recorriendo bailes impregnados de la fragancia de la vida eterna y pura. Así que… aunque por acá se lo extrañe: ¡Métale nomás Don Alberto vaya y enseñe en los arrabales del cielo como se baila el tango!

sábado, 31 de diciembre de 2011

POR NÉSTOR, una plegaria al general




Mire General. Vienen de todos lados. Traen una flor, una bandera, miles de consignas. Vienen cantando la marchita. Saltando, con los dedos en V. Mire que es fuerte la negrada eh. Lloran y se curan. Se embriagan en su propio llanto y le dan para adelante.
Llegan de los lugares donde la patria suspira milongas y vidalas. Vienen desde muy lejos en el tiempo. Desde aquella plaza del 17. Han caminado décadas para llegar y aquí están. Con sus overoles engrasados. Con sus manos ásperas de trabajo. Con la piel surcada de tantas luchas.
Vienen atravesando la historia. Sembrando el camino de utopías para que florezca la patria emancipada.
¿Cuántas veces hay qué morir General…cuántas más para dejar de nacer en este universo de contradicciones?
Usted sabe de esto. Claro que sabe. Nosotros estamos aprendiendo. A los golpes. A empellones del destino.
Mire General, ahí viene cantando la jotapé. Son los hijos de la juventud maravillosa. Deliran, son una tempestad que vocifera la melodía más hermosa que los pueblos pueden concebir. Nosotros, ya cincuentones, seguimos siendo parte de esa leyenda. Porque la jotapé es más que un documento de identidad. Es una marca de fuego, un estigma. Se lleva de por vida. Usted sabe…ya nos conoce…
Pero volvamos a lo nuestro General. Mire como se entregan sin condicionamientos en la noche ventosa. En un mediodía de lluvia que es la metáfora de la tristeza. Vienen a decirle presente al jefe. A despedirlo como se merece.
Ya me imagino en el cielo a los muchachos como habrán de recibirlo. Manzi con un poema. Vallese con un abrazo fraterno. El negrito Sabino, Pasaponti…la compañera Evita…
Pero…dígame General…con todo respeto… ¿No habrá boqueado usted sobre sus virtudes, y tentó al pibe de Nazareth para que se lo lleve sin vueltas?
A propósito, todos sabemos que usted lo hizo peronista. Por eso le pido este favor. Dele General, si usted quiere puede convencerlo. Él sabe como regresarlo a la vida. ¿Que es para él un Lázaro más? Le bastaría con pedírselo suavemente. Con rozarle los ojos con su mirada.
Háganos la gauchada. Y le prometemos dejarlo tranquilo…Aunque sea por un tiempo.


La tristeza me dictó esto que fue escrito entre lágrimas la medianoche del jueves 28 de octubre y depositado a la mañana siguiente sobre un mar de flores en la explanada de Casa de Gobierno. Como quien arroja al océano una botella con un mensaje.
Pero como diría Marechal:
“Muchacho, el pueblo
recoge todas las botellas que se tiran al agua
con mensajes de naufragio.

El pueblo es una gran memoria colectiva
que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido.

Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.”


Omar DIANESE

sábado, 11 de diciembre de 2010

NICOLINO LOCCHE





Nuevamente un derechazo estrella su impotencia contra el vacío de la noche. Enciende aún más la alegría empujando una y otra vez al aplauso, a la ovación.
La mirada de lince, atenta y vivaz, no se aparta del rostro endurecido de la furia.
Puntea la zurda buscando el objetivo. La derecha enloquecida parte hacia el ridículo. Toda una descarga entera se desploma contra las cuerdas en un par de segundos.
Una ojeada al tercer ojo de ese hombre embravecido parece ser más que suficiente para controlar al máximo la situación.
El ritual arranca fervor, idolatría y un romance que florece en el festejo de cada esquive.
Las piernas, el cuerpo entero perduran entregados a una danza, sensual, cadenciosa, sin pausa.
Los cánticos de la popular semejan el suave oleaje que menea al bailarín hacia un lado, hacia el otro…
La fuerza y la fantasía se contemplan los rostros de milenios.
El sudoroso gladiador parece debatirse frente a su propia debilidad. Los brazos pesan toneladas de frustración. Las extremidades del danzarín rebotan en la lona acompasadamente.
En el estadio la locura se multiplica como diamantes anunciadores de un final obvio, contundente, irreversible.
La última estocada sin destino, sin aliento, sin sentido alguno, navega en la atmósfera cargada de canciones.
Final. Éxtasis. Explosión de euforia.
El campeón saluda. La gente lo abraza a la distancia, es lo único que no esquivó en toda la velada: el cariño. El Luna Park sonríe orgulloso prolongando la fiesta en el bajo y su aroma de licores.
La ductilidad ganó por puntos. La tosquedad mordió el polvo.
En el boxeo y en la vida. Así sea.

domingo, 7 de noviembre de 2010

NÉSTOR y el gorilaje (en lo cierto)


¿Sabés qué anda diciendo el gorilaje?
Que no estabas en el jonca.
Y esta vez… acertaron.
¡Cómo te iban a encerrar a vos
hermano del viento surero!
Acaso se habrán avivado
carpeteando al pueblo en llamas.
Habrán descubierto que no sos de dormir la siesta
en el féretro de la historia.
Tienen razón flaco,
aceptemos que no faltan a la verdad.
Ese lugar es el que les espera a ellos,
condenados al abismo frío de la inmemoria.
Para vos hay otros paisajes,
el aire puro, el silbido de los pájaros.
Tienen razón flaco…
¿Quién puede creerse
qué te ibas a perder el canto embravecido del pueblo
por quedarte inmóvil en el jonca?
Vos estuviste con los grasas,
los laburantes, la juventud gloriosa…
Te hiciste canción y bandera,
himno sagrado y grito de guerra…
¡Qué ibas a bancártela en el jonca vos!
Te empapaste en las lágrimas de hombres y mujeres,
de abuelos y nietos,
te multiplicaste en ese torbellino
que arrancaba desde los barrios a la plaza.
Nosotros guardamos en silencio el secreto
de tu falsa sepultura,
Pero ellos, los verdugos de la poesía popular,
nos arrebataron la verdad oculta…
Y bueno, hubo que reconocer que estaban en lo cierto…
Más aún…
Tampoco serás enterrado,
porque vivirás en nosotros.
En tu pueblo que te honra,
en Crsitina y su coraje
en gratitud al compañero,
enamorada más que nunca
y militante hasta la última gota de aliento.
No hay más vueltas que darle,
reconozcamos que no mienten…
Sos un fuego que nadie apagará jamás.
¡Minga de jonca para vos!
En un sarcófago viven ellos.
Muertos en vida,
incapaces de gestar esta Patria
que florecerá, en primaveras,
llevando tu nombre a la victoria.


Omar DIANESE

sábado, 23 de octubre de 2010

"GATICA, HISTORIA DE UN ROMANCE A TROMPADAS YGLAMOUR"




Escuchala como ruge la leonera. Están sedientos de triunfos. En la vida y en el ring.
¡No te rías…en serio…! Corrientes, Bouchard, el bajo es una marea que desemboca en la fiesta del Luna Park. Una gran velada de gala ofrendada a vos, eterno justiciero.
Tango, champagne y cabaret.
El General. Evita. Primer Round.
Una rubia. Un smoking. Una flor.
Escuchá José… ¡Dale campeón!
Se han callado para siempre los traidores. Los cipayos. Los ignorantes del romance popular. Ya no tienen argumentos ni vergüenza. Apostaron a los guantes del olvido una fortuna obscena de odios y rencores.
¡Dale José...! Dedicales tu show de eterno boxeador en el cuadrilátero de la gloria. Metele un piñazo a la desdicha y que caiga desplomada en la lona de la vida.
Embriagate con el rugir de la leonera. Te aman. Te idolatran. Te dibujan con crayones de pobreza en la noche azul de la utopía. Con tu rostro de pibe sorprendido. Venciendo al tiempo por nock out.
La historia cuenta, en los fogones de la consagración, hazañas y gestas de golpes y burbujas. Escritas en dos por cuatro. Acompasadas en la melodía del recuerdo batallador y milonguero. Guapo y tierno. Conmovedoramente simple.
Escuchá José…Vuelve el pueblo por las calles. Como un río incontenible a reparar la alegría. Es “el subsuelo de la patria sublevado”, como diría don Scalabrini Ortiz. Un mordisco de la América morena.
Cantando el nombre de los grandes. Porque solo esos nombres merecen la sinfonía del sentimiento, ejecutada por la orquesta de la victoria.
Y entre esos nombres José, cantan el tuyo…
¿Mono? ¡Mono las pelotas!
Héroe. Gigante. Una leyenda.

sábado, 5 de junio de 2010

"EVER"



Cuentan que desde hace tiempo, en los fondos del Hospital Borda, el hombre viene trabajando con la paciencia de un artesano. Sonrisa mansa, mirada pícara, andar despreocupado.
Algún amigo me confió alguna vez: “¡Te aseguro que me mostró los planos!” “Está construyendo un helicóptero” ”Te digo más en la cabina hay un espacio dedicado a un viejo Winco...” Para viajar escuchando música”
Para viajar...para viajar entre las nubes hacia su Puneta natal...allá en el corazón de Cochabamba...Bolivia.
Seguramente para volar muy alto y reencontrar al viejo gran amor. A su amada Julieta, con quien jamás interrumpió el romance, telepatía mediante.
“¡Decile, decile que te cuente” insistió mi amigo.
Un helicóptero para descender como un pájaro en la Avenida Gualberto Villarroel… Y caminar hasta el cine de la niñez a colgarse con una de Tarzán, por ejemplo.
“¿Te das cuenta?”, se entusiasmaba mi amigo, “un helicóptero, con un Winco, en las entrañas de La Colifata...” ¡Es la metáfora de la radio!”
Alas para remontarse hacia Puneta. Y emocionar a doña Paulina con la credencial periodística del corresponsal en el cielo.
Un helicóptero para dejar para siempre el mundo híbrido de la cordura. Pensándolo bien no estaría mal...En una de esas nos haga un lugarcito. Vale la pena.

sábado, 20 de marzo de 2010

PERSONAJES


WILLIAM BU: el más malo, el más querido...

Se lo tiene presente en más de una situación cotidiana. Asociado a la falta de justicia. Enclavado en un cariño que no destiñe. En una cancha de fútbol alguien vociferó al árbitro: “¡Cobrá bien William Bu!” e inmediatamente trransformó la bronca en carcajadas.
¿Cómo no recordarlo? Con ese andar inconfundible en el ring de la fantasía. Con esa mirada brillando de picardía. Defendiendo a los malos y paradójicamente ganándose en cada travesura el corazón de los más nobles. Aliado a los villanos. Poniendo entre las cuerdas a los superhéroes pero tomando tiernamente por asalto el corazón de generaciones.
Un atardecer invernal uno lo tuvo en la coordenada porteña donde empezó su romance con el cach. Bar de madera, tradicional . Una mesa compartida por un rato para evocar sus tiempos de juventud. Afuera la ciudad desanda el camino de su rutina. Adentro la vida jaquea librándonos a la suerte del juez “más temido” que supo plantarse en el cuadrilátero.


“Yo tenía dieciséis años. Iba a una misión, una iglesia que quedaba acá, en esta esquina de San Juan y Paseo Colón. Ahí solían ir marineros ingleses a escuchar misa, tomar el te y a entretenerse. Los lunes y los viernes había boxeo y lucha.
Me atrajeron mucho los movimientos de los luchadores. Me gustó eso y empecé a gritarles:
¡Bu, bu...que se vaya...! ¡Bu, bu...que se vaya..!
De tanto verlos me hice amigo de todos ellos. No faltaba nunca de nueve a once de la noche.
Me fueron enseñando todos los secretos del combate.
Yo me llamo Héctor Oscar Brea. El día del debut un integrante de la troupe, Tobías, me pregunta como me llamo.
Entonces me dice: -Con ese nombre no vamos a ningún lado. Borralo.
Yo tenía cabello rubio y jopo. –Te vamos a llamar William por lo rubio. Y como siempre gritás bu ese va a ser tu apellido. ¡William Bu!
Y así quedé bautizado. Ahora...quien ganó la primera vez eso no se puede decir.”

Desde el ring side del café el afecto visita la mesa. La charla se abre fraternalmente. Como la lucha entre los titanes. Como la alegría que regaló arbitrando. Siempre protegiendo a los peores. Siempre, divirtiéndonos a todos.

sábado, 27 de febrero de 2010

PERSONAJES


HERNÁN PEBE URTEAGA el violinista errante

Una historia para jazzearla. Desde el comienzo. Desde aquella tarde en la que los pibes de la sala de ensayo de Juan Bautista Alberdi nos dijeron: “Tenemos el teléfono de un violinista que les va a venir bárbaro”. Así lo descubrimos. El hombre merodeaba los escondrijos musicales menos pensados. Esos que en Buenos Aires solo se muestran como túneles clandestinos para los que pasean su amor por la música entre bambalinas. Cabellera blanca. Mirada transparente y profunda. Pocas palabras. Actitud mística. Talante pensativo. Meditativo.
Uno comenzó a codearse lentamente. En su departamento de Libertad y Marcelo T. de Alvear, frente a la plaza. Acompañado por sus inseparables gatos. Anegado el ambiente de cintas y vinilos. Libros y cuadernos de apuntes.
Una liturgia de jazzeología moderna. Algo de cine. Compartimos tardes de ensayo y un par de presentaciones. Los relatos de sus años en Estados Unidos, donde tocó y vio a todos esos hombres legendarios que en su adolescencia lo deleitaron a través del disco. Los viajes a Europa. El jazz nórdico y del este.
Uno quedó encadenado a su personalidad. Un culto de sigilos y consonancias. Hasta que un día fijó su destino en Mar del Plata, donde ya había residido alguna vez.
Entonces la amistad floreció en ocasionales tardecitas de confianza. Siempre resplandecido por miradas felinas. Adornado el hogar con máscaras extrañas que lo convertían en un territorio arcano y confabulado de misterios. Anocheciendo y despertando con la radio. Madrugando como siempre. Saliendo muy temprano cada mañana para alimentar al gaterío callejero de la rambla. Trompeta, contrabajo y cientos de cassettes completaban el ambiente. En el pequeño patio trasero del departamento de planta baja un sapo se sumó a la familia gatuna. Con esporádicas visitas de jóvenes músicos porteños que se hacían un rato para la charla en algunas vacaciones. De hábitos vegetarianos. Encantadoramente solitario. En busca de más calma aún para una vida austera de bienes materiales y suculenta en reminiscencias.
Fue su última ciudad. Con el mar de ladero, hilando redes con el jazz de la costa. Haciendo programas de radio y conferencias en la Biblioteca Municipal. Viendo cine en los bares donde ya todo el mundo conocía al futbolero presente en cuanto partido se transmitiera. Sol, frío o lluvia mediante.
Entonces uno lo frecuentó con más tiempo. Y las conversaciones eran cada vez más jugosas. Como esas interminables caminatas sincopadas, diurnas o nocturnas, sin rumbo establecido. Sabiendo respetar sus silencios, pausas y secretos bien guardados.
Así pasaron muchos años. Hasta que supo con certeza la proximidad de su partida. Se despidió lenta y prolijamente. Como una cuestión más de su rutina inalterable. Con la certeza de lo que la eternidad significa. Por consiguiente sin tristeza.
Uno lo recuerda con un cariño íntimo. A decir verdad lo extraña. Mucho lo extraña. Con su imagen de enamorado del arte y de la música en especial. Con su ternura ante los animales. Con su entusiasmo por el Ciclón de Blazina, Martino y el Bambino Veira. Con sus nostalgias por el Viejo Gasómetro. Con la correspondencia mensual en la que prolongábamos los encuentros. Y por sobre todas las cosas con esa religiosidad que le hace a uno pensar que tal vez un día regrese como gurú.
Mientras tanto su sonido sigue jugando con la brisa oceánica muy cerquita del Torreón del Monje. Si alguna melodía lo sorprende caminando por esas playas no se inquiete. El violinista le regala su tesoro más preciado.
Remo

miércoles, 17 de febrero de 2010

PERSONAJES


"El “Coya” Gutierrez llevaba el gol en la sangre "
Nació un 9 de mayo de 1961. Su alma partió cuando solo tenía 37 añosa. Su frescura y su espontánea gambeta inocente aún siguen merodeando el verde césped de cada domingo.

Fuente: http://www.lagaceta.com/vernotae.asp?id_nota=250948

”Tartagal y La Ciudadela extrañan ese pique corto demoledor, clave para cualquier delantero, un coraje que no encontró barreras, la herencia indígena en la sangre, la predisposición para festejar dentro y fuera de la cancha lo bueno de la vida. Daniel Humberto Gutiérrez, el “Coya”, dejó huella en el fútbol y por eso cada 27 de diciembre cualquier recuerdo parece escaso. La historia de los Gutiérrez en Tucumán comenzó con su padre Humberto, “Chuñoliqui”, un excepcional delantero del que disfrutó All Boys en los 60, y que murió hace un par de año en Tartagal. La saga continuó con el “Coya”, nacido el 3 de mayo de 1961. Debutó en la Primera de San Martín el 13 de marzo del 83, por el Nacional. En el “santo” compartió vestuarios con Pedro Pablo Robles, Francisco Guillén, Ricardo Troitiño, Roque Martínez, José Noriega y Héctor Cejas, entre muchas otras figuras. La capacidad futbolística y atlética escondió excesos que más tarde le costarían la vida, pero mientras luchó contra esa enfermedad se dio el gusto de pasar por Vélez Sarsfield, Boca Juniors y Deportivo Morón. En el medio, a fines del 86, con un grupo de jóvenes promesas se consagró campeón de los III Juegos Sudamericanos, denominados Juegos Odesur, en la que fue una exitosa incursión vistiendo la camiseta de la Selección. En ese equipo, el tartagalense fue compañero de Sergio Goycochea, Néstor Fabbri, Pedro Troglio, Blas Giunta, Hugo Maradona, Walter Perazzo, Alfredo Graciani, José Luis Rodríguez y un tal Claudio Paul Caniggia. El regreso al pago lo encontró cansado y disminuido. De aquel puma del monte salteño sólo quedaba la sonrisa cómplice del amigo fiel, de barrio, aunque principalmente su rostro ya era la imagen de la humildad que espera la muerte. Atrás había dejado un recuerdo imborrable, doloroso que el tiempo, único dueño de la verdad, permitió entender. “La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos”. La frase, sabia y contundente, tiene que ver con el simple homenaje a un grande que dejó el mejor de los recuerdos.”

EL COYA GUTIÉRREZ: desmarcado en la eternidad


Allá estará tu gambeta de picardía.
Esa que lleva implícita
la alegría del carnaval en tu tierra querida.
Habrás encontrado tu árbol de mango
en un paisaje indestructible,
donde descansarás de tanto juego.
Feliz, despreocupado.
Ahí trotarás con tu sonrisa buena,
con tu andar acompasadamente norteño.
Mirando a Boca en cualquier cancha.
Colgado de un rayo de sol
o de una nube,
o suspendido en una gota de lluvia.
Remontando vuelo
vestido de azul y oro.
Te habrá querido Dios
para enseñarle a los querubines
la pureza de un juego sin maldad,
pletórico de fantasía,
de probar al arco y tocar de primera.
En tu pueblo se cuenta
que hacés jueguito
con la estrellas,
para endulzar las mañanas de los ángeles
que te contemplan embelesados
Jamás te fuiste.
Uno rechaza de lleno esa idea macabra,
como un tosco defensor que despeja sin miramientos.
Picaste al vacío y llegaste lejos.
Por eso te imagina radiante.
Macerado en la dicha incomparable
de un partido sin fin,
de caños, gambetas y paredes.
Hoy tu ilusión chispea,
en ojos oscuros como la noche salteña,
en los los coyitas que prenden el fuego
de lo que fue tu pasión.
Un fútbol salteado de lujos y desbordes de bonhomía.
Este burbujeo de palabras seguramente demoradas en el tiempo
es una manera de pedirte perdón.
Por no haberte entendido a tiempo,
por exigirte lo que uno es incapaz de ofrecer,
por vivir mirando la tabla de posiciones.
Hasta siempre Coya, que tu frescura nos libre.


REMO

domingo, 14 de febrero de 2010

PERSONAJES




“GALERA”


Corrientes. Trajín. Subte, La Giralda y La Academia. Café, billar, maletín y celular. En los vacíos que dejaron las marcas que hicieron historia en Corrientes intrusaron los “Todo por dos”. El 2001 se los llevó puestos. A los baratijos y a los recuerdos que habían venido a reemplazar. Hoy sacan pecho los locales que visten la avenida de siglo XXI. Arlt predijo que Corrientes nunca dejaría de ser lo que es. Él sí que la tenía bien caminada. Conocía hasta los aromas. A través de ellos podía, sin equivocarse, decir a que altura de la calle se encontraba.
Troilo, Edmundo Rivero. La bohemia y las luces del centro. Poética de metafísicos rituales.
Una cita envenenada en la siniestra noche de la dictadura pretendió terminar para siempre con la memoria. Imposible. Es la memoria la que pondrá las cosas en su lugar.
Corrientes y madrugada. Así podría llamarse la mejor esquina porteña. Cine, teatro y veredas que se ensanchan, como alguna vez se ensanchó el asfalto. Y paradójicamente se angostaron los sueños. Hasta volver a esperanzarse. Hasta mirarse en el espejo y hacerle una mueca burlona a la escultura que el tiempo modela a su gusto en el rostro de un hombre gris.
Todo parece cambiar mientras la calle se aferra a no perder su identidad. Su razón de ser. Entonces empieza por abrazarse a los personajes que aún le permiten ostentar su elevado grado de porteñidad.
Por eso se pasea en el crepúsculo urbano con el hombre que la festeja como a su primera novia.
Los dos andan la vida dándole pinceladas a su prosapia. Ella, la calle hoy avenida, engalanada de marquesinas desempolvadas. Él, el hombre de sobria vestimenta negra, a bordo de sus patines.
La historia de la calle muchos la han contado y otros la seguirán contando. La del personaje solo un hombre puede hacerlo cuando publiquen su libro: un servidor. Buenas noches.

REMO


GALERA en un corto de LUIS URQUIZA: "¿Dónde está el maestro?"


http://www.youtube.com/watch?v=PNI3o3YIu6I (parte 1)


http://www.youtube.com/watch?v=ZZqA-2gdVbI (parte 2)

sábado, 30 de enero de 2010

PERSONAJES


“EL FLAUTA”


Su rostro pálido, exageradamente blancuzco, resulta un espejo semisiniestro de nuestras ocultas identidades. Hace muecas, sonríe como invitando al diálogo y desplanta endureciendo el gesto. Sus ojos, plagados de atemporal melancolía, examinan la avenida y parecen indagar cruelmente la profundidad de nuestras almas. Una lágrima amenaza surcar sus mejillas desde siglos, pero no, prefiere contenerse en el oscuro interior de sus retinas.
Cambia fácilmente de expresión, intenta ademanes y se sumerge locamente en el océano pobre de sus disonantes melodías.
¿Qué extraño mandato ha venido a cumplir en el corazón de una ciudad desangrada?
Juega con su mirada, en la que a veces uno se siente cautivo y a la vez perdido como en una meseta de silencios... Eso es “El Flauta”, entre otras cosas, una ausencia de palabras, una carencia absoluta de frases, un mutismo pretendido e incisivamente irritativo y provocador.
¿Cuándo llegó por primera vez y desde dónde? Historias y leyendas edificadas en trasnochadas mesas de La Paz, La Academia o La Giralda, vacías de veracidad y pobladas de misterio y fantasía, envuelven su presencia y cubren el abismo de su retirada.
Tal vez “El Flauta” nunca haya existido. Quizá sea la sintetizada materialización de las criaturas que habitan nuestro lado oscuro y allí permanezca para “guiarnos a la razón”.
REMO

PERSONAJES


“ECODINA”

Belgrano. Viejo Belgrano de siestas y jazmines. Aquel almacenero amigo. Navidades en familia.
La vieja. Stellita, entrañable. El viejo bancario.
Mozart y Chaicovsky. El piano y los sueños.
Los ochenta. Crecer en Buenos Aires. El futuro es nuestro. El presente es una aventura difícil de transitar. Pero el futuro será nuestro. A no dudarlo.
La mesa está servida. ¿La navideña? No, no, la que sirve el diablo.
En la que los comensales no son más que convidados de piedra. Invitados a jugar con cartas que están marcadas. Hasta devorar su alegría. El dinero de la venta de un departamento. En una mesa atendida por los buitres. Esas que solían llamar “de dinero”.
Entonces todo se acaba. La casa materna. La fiesta familiar. Los abuelos que ya no están. El amigo fiambrero. La música tan amada. Las tardecitas del norte porteño.
Y otra es la vida. Que a veces no parece vida.
Esa de andar con todo el pasado a cuestas. Con las pertenencias en los hombros. Pero con lo que más pesa, la desgracia montada sobre la espalda. Con toda la carga de la malaria. Con los bolsillos vacíos de mañana.
Retiro. Lejos de Cabildo y Ciudad de la Paz. La calle empieza a ser su ladera. O una cruz.
Estalla el universo cybernético. Tal vez un día estalle el mundo, y uno siga dando vueltas mientras arde la tierra.
Pero habrá momentos. Momentos fraternos, solidarios, para compartir. Ramón Carillo. Paredón y La Colifata. Alfredo. Los compañeros y amigos. Correspondencia colifata en el aire de Barracas. La Tribu. Un fantasma en el aire de Buenos Aires. Eso, el columnista fantasma de viernes a la noche.
Caminata. Avenida lluviosa y desierta. Página web.
La vida te da sorpresas. Stellita es una estrella en el cielo limpio de verano. Una flor de la primavera eterna. Nos dejó para siempre embriagados en amor.
De la intemperie a un hogar. Del hogar a la pensión. Julio, Julito, ese hermano inseparable, incondicional. La primera década del tercer milenio amenaza con ser historia. El siglo XXI nos encuentra en el reservado de “El Británico”. Con vuelta asegurad a una cama. Como Dios manda. Siempre hay lugar en la memoria para un archivo flamante.
Eduardito Codina, me encanta llamarlo Ecodina. El pibe que se hizo experto en tecnología callejeando su destino. Mi amigo colifato, para clikearle a la vida y abrir una ventana al corazón. Siempre con vos. Un abrazo fraterno.

REMO

viernes, 29 de enero de 2010

PERSONAJES


Leopoldo


Buenos Aires y el invierno son casi la misma cosa. Paseo Colón es un frío camino céntrico. La cosmografía porteña una confabulación de cemento y poesía entristecida. El Plata acompaña desde cerca la rutina ciudadana. Pero hasta ahí nomás, como un ladero fiel y silencioso.
La vida parece apurarlos a todos. Nadie aparenta saber por que.
Desde temprano modernos automóviles integran una caravana desprovista de sentido.
Gente que anda esas calles casi sin ver.
¿Cómo se apreciará desde lo alto? Pequeñas criaturas desplazándose, nerviosamente, en el interior de un extraño laberinto de asfalto.
Soledades disimuladas. Rodeadas de edificios maniáticos guardianes de la city.
Así todos los días. Todas las semanas. Toda la vida.
Las oficinas esperan los comentarios de siempre. Los bares tientan con un café y un diario. Para olvidar por un rato la desventura.
Hacia el este Puerto Madero ofrece un mediodía de película. Cerca del bajo siguen embistiendo a la historia hasta que no queden rastros. Hasta que no queden huellas. Hasta que no quede historia.

La avenida es una recova que ofrece garrapiñadas, cubanitos, calculadoras, monitos que silban, paraguas, relojes, guantes, recuerdos amarillentos, un ramo de nostalgia...
Mientras espera zapatos para lustrar, el pato se zambuye en las páginas de Crónica. Alfredo camina una y otra vez con la bandeja repleta del bar a la oficina. Así es la vida en el microcentro hasta entrada la noche. Entonces todas las voces se callan. Todas las miradas desaparecen...ó casi todas.
Leopoldo sigue observando. La ciudad vacía, despojada de almas, habitada por el silencio.
Con su radio. Con su mate. Con su par de bolsos. Con su mundo de pavimento gris. La vereda es su hogar. Su vida solamente el día a día.
Alguna vez confesó:
“Quisiera estar quince o veinte minutos en una oficina, y ver como es el desempeño, el desarrollo. Para mucha gente, para la multitud, no sé si paso inadvertido o me ignoran como lo ignoran todo, desde siempre. Creyendo que los demás no están ni siquiera para ocupar un lugar en la calle caminando sino que son los juguetes de ellos.
Prestás atención a los ojos de la gente y esas miradas están cargadas de maldad.”
El anochecer de tonos morados, azulinos, suele poner cotidianamente el final a la urbanísima novela, para volver a comenzar a la mañana siguiente. El futuro no existe. El presente es juntar latas por las calles céntricas para cambiarlas por unas monedas.
Sábados y domingos no hay función. Desierto de alquitrán.
Pero el lunes las frustraciones vestidas de traje o minifalda volverán a poblar calles y avenidas. Para aturdirse nuevamente hasta la amnesia y olvidar lo más rápido posible el fin de semana a solas, con ellos mismos.
Los edificios volverán de su modorra, los bares reabrirán sus puertas, las oficinas dirán:” has vuelto…”
Él seguirá en el lugar de siempre, solo presente…Con eso le basta y sobra.

REMO Mediados de los ‘90